lunes, 23 de abril de 2012

Santiago ∞


Eran las tres de la mañana, llovía intensamente cuando se le ocurrió salir de casa a dar un paseo. Llevaba llorando toda la noche, dejando la almohada empapada de lágrimas, sin ganas de nada. A pesar de eso, cambió su pijama por un chandal, unos tenis y una sudadera. Sin paraguas ni nada se expuso al tiempo y que fuese lo que Dios quisiese.
Salió y estuvo andando sin rumbo durante una hora. La lluvia seguía sin cesar, pero le daba exactamente igual mojarse, solo necesitaba sentirse viva ya que por dentro estaba muerta. Lo peor era que cuándo ella lloraba, las calles de Santiago estaban tristes. Seguía llorando todavía más, ¿en serio se merecía esto? ¿Realmente es lo que se merecía? Siguió caminando sin rumbo, lo que menos deseaba era volver a casa... Los recuerdos estaban en esas calles, esas calles tristes en noches como esta. Caminaba y caminaba. El reloj de la iglesia marcaba las cuatro y media de la madrugada, pensó en apagar el móvil, pero mejor no, no quería preocupar a sus padres.
Consiguió calmarse, sentada en un cobijo frente a la iglesia, su cabeza era un caos. No podría sacarse esa imagen de su cabeza, esas palabras: "No lo siento así, perdóname". Al recordarlo volvía a llorar, pero solo le caían lágrimas, apenas le quedaban aunque ganas no le faltaban. Se levantó de su cobijo, todavía llovía. En ese momento, empezó a salir música de su móvil, lo miró y resultó ser él. Le colgó y así repetidas veces más. Se situó en la plaza, justo en el medio, y comenzó a llover más fuerte, pegó un grito ahogado, no podía más, quería terminar con eso de una vez, pero no lo lograba. Alguien la sujetó por detrás y la elevó puesto que estaba de rodillas en el suelo, llorando. Ella, solo por el tacto de las manos, supo quién era. Se deshizo de ellas y empezó a gritarle. De su boca salieron todo tipo y grado de insultos, por supuesto, era él. Le pegó en el pecho repetidas veces, no le dolía. Él solo le impedía seguir, pero no lo conseguía y continuaba. Él le pedía que parase, que estaba ahí para hablar con ella. Ella estaba ciega de rabia, no le escuchaba. Al fin, cuando paró, solo la abrazó y le pidió calma. Sus llantos no cesaban, pero ya no le insultaba. Después de minutos así se separaron, se miraron a los ojos... Sus miradas conectaban mundos. Se dejaron llevar y se volvieron a abrazar. Lo necesitaban los dos, para que negarlo, se necesitaban.
Estuvieron hablando para arreglar la situación, resultó ser incómodo. Mientras ella solo quería abrazarlo, él hablaba y hablaba. Ni ella era tan suya, ni él tan suyo. Se querían, sí, pero no, son amigos, y así quedaron. Amigos...

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